Oraciones, Rosario

Rosario a Dios Padre

rosario a Dios Padre

ROSARIO AL PADRE DIOS
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Dios mío, ven en mi ayuda. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre… Padre mío, Padre bueno, me presento ante Ti, me entrego a Ti. Ángel de Dios, que eres mi custodio, a quien el buen Dios me ha encomendado como protector: ilumíname, guárdame y dirígeme hoy. Amén.

En cada decena se anuncia un misterio. Después de una breve pausa para la reflexión, se rezan un Ave María, diez Padre Nuestro y un Gloria al Padre. Al final de cada decena se repiten dos oraciones: Padre mío, Padre bueno… y Ángel de Dios. Al final del rosario se rezan las Letanías al Padre Dios.

En el primer misterio se reflexiona sobre la victoria del Padre en el Jardín del Edén cuando, después del pecado de Adán y Eva, prometió la venida del Salvador. Yavé, Dios, dijo a la serpiente: «Maldita seas entre todas las bestias y entre todos los animales del campo. Sobre tu vientre andarás y polvo comerás todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón.» (Génesis 3,14–15)

En el segundo misterio se reflexiona sobre la victoria del Padre en el momento del «Fiat» de María durante la Anunciación.

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Entonces María dijo: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» (Lucas 1,30–33; Lucas 1,38)

En el tercer misterio se reflexiona sobre la victoria del Padre en el Huerto de Getsemaní cuando entregó todo su poder al Hijo.

«Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» Entonces se le apareció un ángel del cielo para fortalecerlo. Y estando en agonía, oraba con más intensidad. Y su sudor se volvió como grandes gotas de sangre que caían hasta el suelo. (Lucas 22,42–44). Luego se acercó a los discípulos y les dijo: «¿Dormís ya y descansáis? Mirad, se acerca la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. Levantaos, vamos; mirad, se acerca el que me entrega.» (Mateo 26,45–46) Jesús se adelantó hacia ellos y les preguntó: «¿A quién buscáis?» Le respondieron: «A Jesús de Nazaret.» Jesús les dijo: «Yo soy.» Y también estaba con ellos Judas, el que lo entregaba. Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron al suelo. (Juan 18,4–6)

En el cuarto misterio se reflexiona sobre la victoria del Padre en el momento de cada juicio particular.

«Levántate y vuelve a casa de tu padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se compadeció de él, y corrió, y se echó sobre su cuello, y lo besó. Y el hijo le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.’ Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed el mejor vestido y vestidle; poned un anillo en su mano y sandalias en sus pies. Traed el ternero engordado y matadlo, y comamos y hagamos fiesta, porque este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado.’ Y comenzaron a regocijarse.» (Lucas 15,20-24)

En el quinto misterio se reflexiona sobre la victoria del Padre en el momento del juicio final. «Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían pasado, y el mar ya no existía más. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo. Y oí una gran voz que decía desde el trono: ‘He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.'» (Apocalipsis 21,1-4)

Salve, Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre por la intención del Santo Padre.
Luego se rezan las Letanías al Padre Dios.

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